Silent Hill: Downpour

Silent Hill: Downpour

115 veces visto
0
Big Data
  • Silent Hill: Downpour
  • PS3, Xbox 360
  • Konami, Vatra Games
  • Survival Horror
  • 2012

El pronóstico para hoy, niebla densa y aguaceros

Volver a Silent Hill siempre es deliciosamente ingrato, incluso acompañados de la mano temblorosa y húmeda de los checos de Vatra Games. Se cumple la octava entrega de la ciudad maldita, de la oda a la niebla infinita, de los caminos sesgados abruptamente y, como desde que finalizara la cuarta entrega, nos enfrentamos a ella con una extraña sensación entre duda e ilusión. Sabemos que no vamos a sentir lo mismo, pero no por ello queremos dejar de intentarlo. Downpour, alumno aventajado del legado occidental de la saga, nos sitúa en las coordenadas mentales de Murphy Pendleton, un preso que libra una dura batalla interior hábilmente desmenuzada durante el juego. Murphy se convierte en testigo activo del aparatoso accidente de autobús, durante el traslado a otra prisión, que le libera de la vida real para condenarle a vagar por las ruinas de su propia miseria. Porque todo lo que no quieres te espera en Silent Hill, no hace falta que vayas a la ciudad, ella se encamina hacia ti con paso firme, y en Downpour no solo manejará los hilos de tu destino a fuerza de neblina, los aguaceros también marcarán el pulso constante de Murphy contra los elementos.

Desde el principio ya los habrá de todo tipo: personajes secundarios que marcan los pasos de baile adecuados para confundir, y en alguna ocasión ayudar, puzles clásicos para revestir la trama principal, un entorno idílico, enemigos desconcertantes y las excitantes visitas, solo de ida, al otro mundo. Una oscura sinfonía inicial que actuará a modo de batidora en la cabeza de Murphy, y en la tuya, por supuesto. Pasarán tres largas horas antes de llegar al corazón real de la ciudad maldita, pero nada mejor que un viaje en teleférico con visita a las minas incluida para vaticinar que lo sucedido hasta ese momento es tan solo un pequeño aperitivo en mal estado de lo que te espera. Y no me refiero, todavía, al inestable motor gráfico, las pesadas cargas o el incómodo sistema de combate.

Las cuatro visitas al otro mundo pondrán a prueba el aguante físico y mental de Murphy. Los peores momentos de Silent Hill: Downpour los sufrirás en compañía de un insoportable agujero negro que tratará de abrasarte y engullirte.

No hay mucha variedad de enemigos pero tampoco hace falta. Los que hay se las apañan para atormentarte de todas las maneras posibles. No siempre es efectivo plantarles cara, huir te permitirá ahorrar salud y munición.

Los exteriores rezuman puro Silent Hill y la decoración de los inmuebles roza la perfección

El caso es que esa sensación irrefrenable de querer ahondar en la herida/historia de Pendleton te hace continuar y tener sensaciones muy próximas a las ya vividas en la serie. Sensaciones y emociones que comienzan al ver desfilar las calles de la ciudad, con sus diferentes distritos y las primeras gotas de lluvia. El líquido elemento no trae nada bueno, excepto la excelente recreación de la tormenta, ya que supone el caldo de cultivo y potenciador oficial del número y agresividad de enemigos; un bestiario algo limitado que apenas alcanza la decena -final bosses incluidos-, pero que Vatra ha orquestado a la perfección gracias a sus impredecibles reacciones. En estos pasajes lluviosos se aplica la máxima de mejor huir, o refugiarse, que malgastar energía y armas en combate. Un apartado interesante el de las armas, solo puedes portar una y las de fuego y su munición escasean. Tendrás que lidiar con hachas, palos, piedras… de resistencia limitada.

Los personajes secundarios están bastante bien implementados en la trama de Downpour. Anne Marie, Sewell, DJ Ricks, el cartero, la monja, el niño… Arquetipos necesarios para hacer la vida imposible a Murphy.

El último escenario, la prisión de Overlook, encierra algunos de los momentos más sucios, oscuros e intensos de Silent Hill:Downpour, con visita incluida al otro mundo y un final boss de tamaño absurdo.

Cuando la climatología no acompaña

Los aguaceros servirán pistoletazo de salida a Downpour, lógico, que iniciará su particular danza macabra, cercana a las veinte horas de duración, con el jugador. La ambientación de la ciudad es magnífica, los rayos del sol pierden la batalla contra la niebla en su intento por traspasarla y la sensación de estar en una urbe fantasma llega a sobrecogernos, más aún cuando toca visitar el interior de los inmuebles. El detalle y variedad del mobiliario y elementos decorativos de cada casa y edificación sabe transmitir a la perfección la suciedad, desorden y abandono al que está sometida la propia urbe, todo ello sazonado de sombras perpetuas y rincones sin vida. Es una auténtica delicia visitar estos emplazamientos y curiosear con la cámara acompañados de esa sensación de peligro e incertidumbre constantes. Para colmo, entre las localizaciones de la ciudad se encuentra la habitación 302 de Silent Hill 4: The Room, ahora afortunadamente dormida, y otros homenajes audiovisuales al resto de entregas japonesas y algunos capítulos occidentales como Homecoming y Origins. Vatra ha sabido captar y respetar el legado original y ha puesto todo su empeño en realizar una obra digna, honesta como dije en alguna ocasión, a la que se le atraganta el motor gráfico, la gestión de las cargas -interrumpen el juego de forma chapucera-, una banda sonora que pasa desapercibida -nos quedamos con la rotundidad de los efectos de sonido-, y unos combates tan inciertos en su resultado que a veces te hacen pensar que se han planteado así para desconcertar al jugador. Pero el festival Silent Hill debe continuar, con torpezas técnicas incluidas.

Lejos de aumentar las horas de juego con misiones extra de poca monta, Vatra Games ha reservado para ellas algunos de los momentos más truculentos y brillantes de Downpour. Comenzarás a entender de lo que hablamos cuando presencies ante ti un coche patrulla maldito, un cine a la espera de su última función o a un hombre enloquecido cometiendo asesinato, hacha en mano, a ritmo inverso de gramófono. Un total de catorce misiones que desde aquí te recomendamos completar.

Más allá del relato principal

La solitaria intensidad de la ciudad irá en aumento, obsequiándote con una colección de misiones alternativas tan terribles como revivir vía gramófono una terrible escena familiar, sentir el acoso de unos coches patrulla malditos, buscar a una niña autista desaparecida o protagonizar una angustiosa película en un cine que vivió momentos mejores. Catorce eventos secundarios que te fidelizan aún más con la trama y objetivos de un carismático Murphy Pendleton -cada vez más confuso- que logra calar hondo en el jugador. Continuarán desfilando ante ti toda suerte de sórdidas situaciones, parajes y personajes secundarios. Parques solitarios con carteles que previenen contra los desconocidos -los textos integrados en el juego han sido localizados al castellano-, un monasterio en ruinas regentado por una inquietante monja, el hombre del saco y su desafortunado encuentro con un infante y más visitas vertiginosas al otro mundo. Y cuando creas que has tenido suficiente ración de Silent Hill, te seguirá dando motivos para tu próximo centenar de pesadillas. Por cierto, resérvate la última de ellas para el final boss que cierra el telón del juego. Downpour cuenta con seis epílogos diferentes; tres decisiones puntuales y el número de enemigos aniquilados durante la partida dictarán el que presencien tus ojos.

En la recta final maldecirás otra vez sus achaques gráficos, pero una vez concluido y echando la mirada atrás, -algo que también puede hacer Murphy en el juego, así como abrir y cerrar puertas con sigilo, dos grandes ideas- reconocerás que lo has pasado mal, realmente mal y que la ciudad maldita no te ha defraudado. Al contrario, el protagonista, la trama, la ambientación gráfica y las situaciones, son dignos herederos de la saga y certifican la honestidad y esfuerzo, al menos en estos aspectos, de Vatra Games.

Preguntas y respuestas finales

¿Downpour es digno sucesor de las grandes entregas japonesas? Ya sabéis la respuesta. No, pero los muchachos de Vatra Games han buceado en lo más profundo y oscuro de la mente humana para dejar ingratas sensaciones al jugador. ¿Es capaz de transmitir momentos de angustia? Sí, de angustia, de terror, de impotencia, de claustrofobia e incluso vértigo. Añade además una interesante colección de sustos scriptados. ¿La banda sonora está a la altura de la saga? Tampoco, aunque nos obsequia con un par de composiciones que sí merecen la pena. Sin lugar a dudas, nos quedamos con la rotundidad de los efectos de sonido.