Bruno “Nemesis” Sol

Bruno “Nemesis” Sol

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Que Marcos me haya pedido ser la primera firma invitada de su flamante blog es todo un honor. Y un marrón considerable, no voy a negarlo. Sobre todo porque el puñetero me dio absoluta libertad a la hora de escribir. “Haz lo que quieras”, me dijo. Tras una semana de rascarme la cabeza, y dos artículos enviados a la papelera, lo tuve claro. ¿Para qué escribir, por enésima vez, sobre OutRun cuando tengo la oportunidad de hablar sobre el propio Marcos? Sé que no le habrá hecho ni puñetera gracia, pero la cruda realidad es que es la persona con la que más tiempo he compartido, incluso más que con mi propia familia. Somos como la estrella de rock caduca y el obeso manager de Love Actually. Y no, no voy a decir a quien representa cada uno.

Conocí a Marcos cuando entré a trabajar como colaborador en Hobby Consolas, a los 19 años, y nos despidieron juntos de Grupo Zeta en enero de 2013 cuando servidor ya tenía 40 tacos. Después de 26 años, porque hemos seguido currando juntos, aunque a distancia, por fuerza tienes que cogerle cariño, aunque sea del Barça y siga sin comprender que Mega Drive es la mejor consola de la historia. Pobre. Marcos y yo empezamos a hacer buenas migas desde la primera vez que pisé la redacción de Hobby Consolas. Juan Carlos García y Jose Luis Sanz eran majos, pero Marcos y yo compartíamos la misma pasión por los juegos japoneses y las revistas extranjeras de videojuegos. De hecho, y sin conocernos aún, habíamos competido por los contadísimos ejemplares de Mean Machines que llegaban al quiosco de la Puerta de Alcalá.

El azar, aunque en mi caso más bien el bueno de Jose Luis, hizo que nos fuéramos juntos de Hobby Press el mismo día. Él para meter en cintura a Súper Juegos y yo para hacer con Jose Luis una revista de Mega Drive que jamás llegó a ponerse a la venta, pero que me llevaría a encargarme de Mega Sega hasta que Grupo Zeta decidió cerrarla. Y ahí intervino Marcos una vez más, evitando que un servidor y Javier “De Lúcar” Bautista acabáramos en la cola del INEM. Nos reclutó para Súper Juegos y ahí arrancó una etapa que llenaría de terror a nuestros vecinos (el archivo fotográfico de la revista Tiempo) y proporcionaría toneladas de anécdotas y batallitas.

Tranquilos, que no voy a atormentaros con ellas. Solo mencionaré de pasada la vez que Marcos y yo reventamos dos kilos de caramelos en el suelo del despacho del director de la revista. O cuando Javi Bautista atravesó la puerta de ese mismo despacho de una patada (dejando un agujero que tapamos con sendos pósters de Daytona USA). Cuando despidieron a aquel bendito hombre, y pusieron a Marcos en su lugar, en Grupo Zeta debieron pensar que la cosa se calmaría en aquella redacción de lunáticos. Pero no. Siguieron las guerras de diapositivas, los petardos en los cigarrillos y otros bromazos que hoy en día equivaldrían a un despido fulminante en cualquier departamento de recursos humanos. Por cierto ¿Os he comentado que la redacción de Woman pidió nuestro traslado porque jugábamos al futbol con un balón de reglamento en la misma planta que ellas?

A lo largo de los años Marcos combinó un celo casi enfermizo por dotar a Súper Juegos del mejor contenido, tanto a la hora de hacer reviews exhaustivas como en incorporar juegos de importación, con una actitud más parecida a la de un colega que a la de un jefe. Es cierto que ganaba más que nosotros a costa de protegernos como un pararrayos de las iras de los sucesivos gerentes, pero también nos llevaba cintas de VHS con el Genio y Figura de cada semana para verlas en la redacción y, consciente de que los mangas y el anime me chiflaban desde crío, me animó a hacer una sección de juegos basados en mis cómics japoneses favoritos que duraría años. Y hasta me dejó incluir el Dragon Ball de PC Engine Super CD-ROM2 como una review más, aunque jamás fue distribuido aquí.

Apostó por PlayStation desde antes de que la consola saliera a la venta, y no paró hasta conseguir los derechos de la Revista Oficial de PS2, aunque eso implicara hacer sucesivos suplementos con los primeros juegos que salieron en Japón, eso sí, el muy perro nos dejaba la morralla para nosotros. Una de las cosas que jamás le perdonaré es que me obligara a hacer reportajes de morcillas como aquel juego de béisbol de Square. Eso y que no escribiera más reviews y reportajes. Ganamos al mejor director de revista que jamás he conocido, pero a cambio perdimos a un redactor brillante, posiblemente el mejor de su generación, que poco a poco dejó de escribir para dedicarse a las labores de despacho: revisar los cierres, hablar con las compañías y quedarse el mayor número posible de promos.

Así que no puedo alegrarme más ante la aparición de este blog. A Marcos ya no le quedarán más excusas para volver a escribir con la furia de antaño. Y el mundo, o al menos el mío y el de algunos viejunos más, volverá a ser un poquito mejor.

Nota de Marcos García: que sepáis que el muy perrete me ha hecho llorar con estas palabras.