Bloodborne

Bloodborne

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Big Data
  • Bloodborne
  • PS4
  • From Software, Sony C.E.
  • Action RPG
  • 27 de Marzo 2015

El cuarto ars moriendi de Miyazaki nos somete a su oscura ordalía

Demon’s Souls y las dos entregas de Dark Souls nos han proporcionado oscuridad, sordidez, tensión, soledad, indefensión, nostalgia, euforia, desesperación… Una compilación de experiencias tan opresivas y atávicas como indescriptibles, e imposibles de captar más allá de la tetralogía de Miyazaki y el venerable estudio japonés. Bloodborne certifica que la fórmula no se agota, más bien todo lo contrario, es capaz de expandir su elusiva prisión de los sentidos para sumirnos en otra fábula sombría y decadente. Se erige ante nosotros tan posesivo y obsesivo como siempre, aunque se esfuerce por simplificar algunos mecanismos clásicos y dinamizar otros para dejarse en el camino algunos férreos mandamientos de la serie Souls.

Otra fórmula magistral made in From Software

El resultado es otro grotesco, complejo y retorcido universo en formato Action RPG, marca de la casa, que ha sabido implementar nuevos y certeros engranajes en su pesada maquinaria. Miyazaki y From Software han vuelto, y siempre que lo han hecho han elevado su particular ars moriendi a límites de hermetismo argumental y expansión sensorial más allá de lo esperado. Los comienzos nunca son fáciles y minutos después de presenciar la descorazonadora intro, surcar el editor e iniciar la pesadilla desarmados y desubicados, daremos con nuestros huesos en el centro de operaciones de Bloodborne, el Sueño del cazador. Un retiro forzado, versión actualizada del Nexo de Demon’s Souls. Instantes después, Yharnam Central se dibuja oscura, vacua y grandilocuente.

Como es costumbre, aunque en esta ocasión se dan más pistas y objetivos, su inaprensible argumento queda bajo la libre interpretación e imaginación del jugador. No se cuenta demasiado, para que el osado cazador busque respuestas y abra su mente ante lo inescrutable e interpretativo de la historia. Si nos lo tomamos con calma y dedicación descubriremos numerosos códigos ocultos y referencias que interrelacionan los hechos que rodean a Yharnam y su tremenda maldición. Conversar durante los cuatro ciclos horarios con los habitantes encerrados en esas viviendas marcadas por un hipnótico farolillo rojo y con el resto de NPCs, además de acometer tareas secundarias, llenará esos huecos argumentales que el jugador sin alma pasará por alto y que son esenciales para sentir la sangre de Bloodborne por nuestras venas.

En el Sueño del Cazador podremos subir de nivel, transportarnos a todas las zonas del juego, acceder a las Mazmorras del Cáliz, gestionar nuestras armas y runas, comerciar e incluso almacenar y recuperar objetos de un viejo arcón.

Hidetaka Miyazaki es un gran admirador de la narrativa gótica, Lovecraft y los mitos de Cthulhu. Criaturas como la de la pantalla superior o escenarios y enemigos como los que encontraremos en Frontera de la Pesadilla dan fe de ello.

Yharnam nos espera

O quizá debería decir, nos acecha. Desde los primeros pasos tendremos que ser cautos y metódicos en la exploración. Los enemigos siempre restan energía y si nos rodean estamos perdidos. Eso sin contar con alguna mala bestia que será mejor evitar hasta que nuestro personaje haya crecido en parámetros de Vitalidad, Aguante, Fuerza, Habilidad, Viveza de sangre y/o Arcano. Lo mejor, recorrer sus calles una y otra vez, para sentirnos cómodos con su trazado y de paso encontrar ítems, NPCs, atajos, ascensores, algún secreto y otras vías de escape a zonas letales. El conocimiento de lo que nos rodea es clave para coger las riendas de una bestia indomable e inmisericorde como Bloodborne.

La forma de combatir ha cambiado notablemente, nuestro amigo el escudo no aparece, bueno sí, de madera y muy limitado, por lo que tendremos que adaptarnos a un nuevo orden de lucha. Contamos con un arma principal en la mano derecha, de doble función, y otra de fuego en la mano izquierda. Aquello de que la mejor defensa es un buen ataque se cumple a rajatabla. Podremos recuperar parte de la energía perdida en un impacto enemigo si rápidamente asestamos otro golpe. La pasividad no es buena, pero no vale lanzarse a repartir a lo loco, la estrategia sigue siendo esencial. Esa danza a vida o muerte cobra especial intensidad, visceralidad, presión y tensión con el nuevo sistema, y nos obliga a dominar el timing y el ataque inteligentes. También podremos realizar ataques cargados y viscerales, que requieren algo de práctica pero son letales. Una vez dominadas estas técnicas, combatir resultará más dinámico y satisfactorio que en sus predecesores. Dos reglas básicas: la moneda de cambio son los Ecos de sangre y hay que llevar siempre suficientes viales de sangre y balas de mercurio.

Como bien advierte su significado, Bloodborne se transmite por la sangre

Centrémonos ahora en las calles de Yharnam y las emociones que transmiten. El dominio arquitectónico de From Software está fuera de toda duda y en el caso de Bloodborne te hace sentir aún más pequeño, indefenso e insignificante. Su grandiosidad te subyuga y su marcado estilo victoriano -puro neogótico-, monumental y retorcido a más no poder, se apropiará de nuestros torturados sentidos al fijarnos en cada detalle, creando una ambientación estructural jamás experimentada. Atrás quedó esa apariencia de sabor medieval de sus míticos antecesores. La zona de confort auditivo tampoco existe. Jugar con cascos será perjudicial para nuestra cordura pero totalmente necesario para captar el terror y la incertidumbre que nos circunscribe en todo momento. Bloodborne interpreta el entramado emocional de los survival horror a su manera, y lo hace magistralmente. El sonido ambiente que gobierna Yharnam es tremendamente perturbador, nos machaca y alcanza las más remotas moradas del alma, haciéndonos sentir aún más vulnerables y generando una experiencia auditiva complicada de gestionar emocionalmente. Lamentos, campanas lejanas, voces impías, arrastrar pesado de objetos, el crepitar del fuego… Y de nuevo en compañía de una BSO silente que cobra protagonismo en los combates. Arquitectura netamente opresiva y plena de verticalidad, audio descorazonador. La campana de irrealidad de Yharnam se cierne sobre nosotros.

El primer contacto con la ciudad maldita nos dejará una serie de postales imborrables: la plaza donde arde una gran bestia, el lento deambular de los habitantes, los recovecos de las avenidas, los callejones sombríos, las clásicas palancas y ascensores, un puente en decadencia sembrado de enormes carruajes… Sin olvidarnos de emblemáticas bestias como lobos, gigantes, el ejecutor del hacha o un cerdo de varias toneladas que romperá nuestros esquemas. Como tormento final, los dos primeros bosses. Son los límites claustrofóbicos que impone From Software y que, una vez eliminados, se convierten en agorafobia pura. Sí, hemos acabado con los primeros grandes obstáculos, pero nos esperan muchos más y peores. Encendamos la melancólica lámpara y tomemos un merecido descanso.

Donde la ciudad pierde su nombre

Bloodborne se vertebra y abre ante nosotros, comienza de nuevo ese idilio de exploración y combate que obliga a recorrer los nuevos, y viejos, escenarios varias docenas de veces. Poco a poco irá anocheciendo y los cielos se tornarán apocalípticos, con una ominosa luna de sangre que inunda la bóveda celeste. Se dice que la noche siempre es frontera de algo que no es físico y aquí lo vais a comprobar. Así es el gameflow de Bloodborne, un tour de cacería, muerte y reinicio, de avance y victoria a la clásica usanza Souls, que no tiene compasión con el jugador ni con la urgencia. La velocidad y el tempo lo marcan Miyazaki y su bendita locura. Serás testigo en tu avance de una colección de parajes de auténtica obra pictórica. Cada escenario tiene su propia alma, su propia esencia y su propia maldición. El Distrito de la Catedral, la Aldea Invisible de Yahar’gul, el Paso del Osario de Hemwick, el Bosque Prohibido, el Castillo Olvidado de Cainhurst, Byrgenwerth, Pesadilla de Mensis… Auténticas maravillas a nivel estructural, conceptual y artístico. Perderse por esta veintena de emplazamientos sin saber lo que acecha tras cada recodo del camino es una auténtica parafilia lúdica. Para entonces ya nos habremos topado con una ingente cantidad de enemigos básicos, medios, cazadores y final bosses. Todos tremendamente inspirados, desagradables y desconcertantes en apariencia y comportamiento. Mención especial para grandes jefes como Vicaria Amelia, la Araña vacua Rom –el favorito de Miyazaki-, la Nodriza de Mergo, el Emisario Celestial, Ebrietas –maldita seas- y el Renacido. Cada uno con su dificultad particular, múltiples patrones de ataque y cambios de intensidad, que sucumbirán con un rotundo ¡Presa Asesinada! Así será hasta el final, un final –más bien tres- que podremos determinar con nuestras acciones.

El sonido ambiental que gobierna las calles de Yharnam alcanza las más remotas moradas del alma

Todo lo contado hasta el momento se basta y sobra para conformar un título brillante, exclusivo y casi inalcanzable en sus apartados técnicos y artísticos. Una ardua y pesadillesca odisea que nos atrapará y dominará hasta el final, y que exigirá un mínimo de 50-60 horas si queremos ser partícipes de todo lo que encierra su armazón digital y disfrutar del tempo para el que fue concebido. La espléndida labor artística de From Software así lo demanda. Como guinda al sabroso pastel de sangre nada mejor que sumergirnos en las Mazmorras del Cáliz, un entramado de escenarios laberínticos que suponen un juego independiente, y a la vez complementario, que podremos afrontar solos o en compañía para expandir aún más la magna experiencia Bloodborne. Algo que también amplificaremos gracias a los clásicos modos cooperativos, competitivos e invasiones variadas que añaden ese picante especial al desarrollo de las creaciones de From Software. Sin olvidar los entrañables elementos online en forma de mensajeros, fantasmas y últimos instantes de vida de otros cazadores que ya forman parte del legado de esta perpetua e inconexa saga. Los fieles seguidores de From Software necesitamos cada cierto tiempo esas dosis de intranquilidad y miedo, esas cuotas de locura e indefensión que tabican nuestros sentidos y nos regalan una reconfortante, y a la vez luctuosa, experiencia tan difícil de obtener como de compartir con el resto del mundo.

Bloodborne es sincero, rotundo y directo con su oscura propuesta, si no la entiendes o no eres capaz de disfrutar con él, es que no está hecho para ti. Necesitarás un umbral de dolor muy alto para poder soportarlo.

Bloodborne nos presenta, orgulloso, su exigente y particular ajedrez de emociones oscuras

95

Mi puntuación

Valoración personal

Gráficos
94
Audio
95
Duración
96
Jugabilidad
95
Me gusta
  • Apartado gráfico sobresaliente
  • Sistema de combate más dinámico y satisfactorio
  • BSO y sonido ambiental soberbios
No me gusta
  • Los tiempos de carga
  • El motor gráficos a veces se resiente y baja de los 30fps
  • Leves desajustes de audio

Las otras pantallas…