The Legend of Zelda: Breath of the Wild

The Legend of Zelda: Breath of the Wild

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Big Data
  • The Legend of Zelda: Breath of the Wild
  • Switch, WiiU
  • Nintendo
  • Aventura
  • 3 de Marzo 2017

Nintendo compone su propia sinfonía del Nuevo Mundo

Es difícil describir con palabras las sensaciones que produjo en mí aquella noche desapacible en A Link to the Past, o la inmensidad contenida de Ocarina of Time, o el maravilloso apartado gráfico de The Wind Waker. Aunque no tuve la fortuna, desgraciadamente, de disfrutar en 1987 con aquel primer cartucho dorado de NES, andaba sumido en mis queridos Spectrum y Atari ST. Todos ellos, y muchos capítulos legendarios más, forman parte de ese sagrado y bendito tomo lúdico denominado The Legend of Zelda. Después del 25 aniversario de la saga y tras una larga y dubitativa etapa de desarrollo, Nintendo abandonó la zona de confort en la que permanecía instalada la serie para recuperar ese proyecto de mundo abierto que Shigeru Miyamoto escenificó en la primera entrega. Eiji Aonuma, productor, y Hidemaro Fujibayashi, director, han regresado a los orígenes, más de treinta años después, para ofrecernos una aventura real, de proporciones legendarias y en un mundo abierto con vida y personalidad propias.

Se puede acceder al castillo de Hyrule casi desde el principio, pero es poco recomendable. Cada cosa a su tiempo, aunque es difícil resistirse a poner el pie en su interior…

Para disfrutar de BOTW en su máxima expresión, os recomiendo que descubráis los 12 recuerdos perdidos. Una vez obtenidos os espera una agradable y última sorpresa.

Bendita libertad…

El viaje iniciático de Link también será el tuyo ya que apenas contarás con información para desenvolverte en la meseta de los Albores, una mínima porción de Hyrule que te parecerá casi infinita de inicio. Aquí descubrirás que puedes trepar -fundamental aunque limitado al principio-, blandir armas, equipar vestimentas, conversar con un misterioso anciano que aparece en todos los lugares, empezar a recolectar objetos y recursos de variada índole, e incluso enfrentarte contra enemigos de cierta entidad. Activarás la primera de las quince torres, maravilloso ritual, y te adentrarás, no sin temor, en los primeros santuarios, esas adictivas mini mazmorras que sazonarán tu epopeya por las tierras sometidas y melancólicas de Hyrule.

Y pronto serás libre, podrás equipar la paravela y sentir que planeas hacia la mayor aventura jamás jugada. Libertad total para protagonizar tu propia odisea. Breath of the Wild no marcará ningún camino, ni ningún orden, incluso permite visitar a Ganon desde el principio. Podrás explorar y perderte a tu antojo, sentirte abumado por su inmensidad y la ausencia de rutas marcadas. Norte, sur, este, oeste… Todo vale, aunque algunas zonas de Hyrule requerirán cierta preparación y equipo para afrontarlas con garantías, pero de eso ya te darás cuenta, estás en tierra salvaje y tienes que aprender a sobrevivir. La variadad climatológica hará acto de presencia, lluvias torrenciales, vientos de diferente intensidad, momentos soleados e incluso tormentas que pueden resultar letales si tu equipación cuenta con elementos metálicos. Jamás en la historia del videojuego la meteorología había jugado un papel tan importante, jamás había sido recreada de manera tan impecable y realista. Los fenómenos atmosféricos hacen que Hyrule se exprese con la voz de la naturaleza y tenga vida propia, y de paso que el sistema de físicas muestre su tremendo potencial.

Este es el aspecto que ofrece el mapa de Hyrule al activar la 15 torres y con los 120 santuarios completados. Aún así, queda mucho por descubrir…

Las cuatro bestias divinas son el equivalente a las grandes mazmorras de la saga y dentro de ellas se pondrá a prueba nuestra visión espacial y el aprovechamiento de los módulos.

La inmensidad audiovisual de Hyrule

Breath of the Wild no está exento de cierta brillantez técnica. Su escenario global se mostrará siempre ante nosotros, por muy lejos que proyectemos la vista siempre observaremos las torres, los santuarios y demás elementos de interés. El inmenso mapa de Hyrule escenifica una geografía creíble con grandes llanuras, montañas escarpadas, extensas regiones heladas, tropicales o desérticas, sin ningún temor al horror vacui. Eso sí, todos y cada uno de sus rincones, hasta los más remotos, ocultan algo de interés. Pero volvamos a la aventura, porque ya deberías haber domado algún caballo, visitado postas, batallado contra muchos enemigos, conseguido mejores armas, experimentado con los ingeniosos módulos, y perdido unas cuantas vidas en combate, o calculando mal la anchura del cauce de un río o la altura de una pared montañosa. Entonces llegará el momento de visitar la aldea Kakariko, cómo no, donde obtendremos datos para planificar los siguientes movimientos. A partir de ese instante es como si Breath of the Wild comenzara de nuevo, con más información, más objetivos y un pasado por descubrir.

Además de las misiones principales, Nintendo ha dispuesto un generoso ramillete de tareas secundarias, ingeniosas, divertidas y variadas, que no suelen caer en la repetición o el exceso. Mezclar y cocinar todo tipo de alimentos para elaborar ricas -o no- recetas, encontrar a los 900 Kolog por el mapa resolviendo sencillos puzles, o conseguir fragmentos de estrellas fugaces -ver precipitarse un metoro en la distancia e ir en su búsqueda es algo inefable-, son solo algunos de estos momentos mágicos e intransferibles de BOTW. Si a esto unimos las misteriosas y abundantes pruebas heroicas y la posibilidad de recopilar recuerdos del pasado, su entramado argumental y narrativo adquiere un equilibrio estable y absolutamente complementario. Y aún así, más allá de todo lo establecido, predominará nuestro olfato aventurero, nuestras ganas de improvisar desviándonos de la ruta o acometer empresas imposibles.

En una palabra, procrastinacion. Ante tal cantidad de oportunidades, secretos, longitudes y latitudes, es difícil centrarse en la aventura principal. Y ese es uno de los grandes secretos y milagros de este prodigioso Breath of the Wild, que resulta tan enorme y generoso como el jugador quiera. Así nos lo hace saber, además, con su intermitente y contextual banda sonora, plagada de silencios y ráfagas de viento ante tamaña extensión de mapeado, matices pianísticos, variación melódica entre el día y la noche del páramo, los combates o montando a caballo, y una necesaria colección de melodías para los emplazamientos importantes. Mis favoritas: las que nos acompañan en la región de los Zora, el Poblado orni, el Bosque Perdido o el Castillo de Hyrule. El tridente compositor -Manaka Kataoka, Yasuaki Iwata y Hajime Wakai- ha dotado a BOTW de una BSO elegante, superada casi siempre por unos embriagadores efectos ambientales pero transmisora de energía y grandes dosis de nostalgia. Puro reflejo de la situación de Hyrule.

Junto a la posibilidad de trepar, la paravela supone la máxima expresión de libertad e inmensidad que nos transmite BOTW. Sentirás las corrientes de aire e incluso vértigo.

Los santuarios son pequeñas mazmorras que nos someterán a pruebas de habilidad, observación, inteligencia, fuerza… Hay un total de 120 repartidos por todo Hyrule.

Bestias divinas, bosques perdidos y un castillo por conquistar

Entonces llegará el momento de decidir en qué orden acometes las misiones de las bestias divinas, auténticas fortalezas en movimiento que sustituyen a las mazmorras de anteriores entregas. En su interior os espera una generosa cantidad de cofres y el necesario duelo con el final boss -poco inspirado, todo hay que decirlo- de turno. Pero cada bestia, cada región, no es sólo eso, tendrás que empaparte de la cultura de sus pueblos (Zora, Gerudo, Orni y Goron), de sus misiones específicas, de sus personajes secundarios y de las mil situaciones que vivirás en zonas tan extremadamente dispares en climatología, desafíos y costumbres.

A nivel visual Breath of the Wild alcanza sus objetivos con creces, además del brillante y complejo escenario ya mencionado, las animaciones de Link junto a las del resto de personajes son una auténtica maravilla, y su estilo gráfico y cromático nos hará sentir inmersos en un película de animación del gran Miyazaki. Los amaneceres y atardeceres te producirán escalofríos de placer, así como el pálido reflejo de la luna en altares y santuarios. Hacer una pausa y admirar el paisaje es algo esencial para sentir BOTW muy dentro de ti. Y todavía te quedará por visitar el Bosque Perdido, el Castillo de Hyrule, y ya te dará absolutamente igual que las armas y escudos se destruyan con el uso, que las hadas sean algo pesadas a la hora de gestionar el equipo, que la luna carmesí te sorprenda siempre en territorio agreste, que el motor gráfico se resienta levemente, o incluso que haya cierto desequilibrio entre propuesta y necesidades en su desarrollo.

BOTW es un canto a lo salvaje, una oda a esa aventura que hasta ahora solo habitaba en alguna región oculta de nuestra mente, a la espera de que alguien la escenificara para nosotros. Y aún así no es perfecto, porque al fin y al cabo la perfección no existe, tan solo es una ilusión subjetiva. Breath of the Wild es la culminación de la saga y lo más cercano que existe a la excelencia lúdica.

Breath of the Wild es tan enorme y generoso como el jugador quiera

97

Mi puntuación

Valoración personal

Gráficos
93
Audio
95
Duración
98
Jugabilidad
97
Me gusta
  • La sensación de vida y libertad que transmite la aventura
  • Los santuarIos y las bestias divinas, ¡queremos más!
  • La climatología ha sido recreada de forma magistral
No me gusta
  • Los fps decaen en ocasiones
  • Procesos lentos y repetitivos, como mejorar armaduras
  • Faltan más bestias divinas y/o mazmorras clásicas

Las otras pantallas…